Pensamiento crítico

Alumnos

José Sánchez Tortosa

Es profesor de Filosofía, escritor y colaborador habitual en prensa sobre cuestiones relacionadas con la educación, la filosofía y el judaísmo. Además de El profesor en la trinchera (2008), un par de poemarios (2011 y 2016) y la novela Los dados (2018), ha coescrito una Guía didáctica de la Shoá(2014) y Para entender el Holocausto (2017). Recientemente ha publicado El culto pedagógico.Crítica del populismo educativo (2019). Es también responsable del blog josesancheztortosa.com y del proyecto filosófico-didáctico proyectotelemaco.com."


Docente

"(In)fórmate, las claves del pensamiento crítico"

Crítica viene del griego y significa aproximadamente separar, distinguir, enjuiciar… Aristóteles, en su Política, usa el término para definir la virtud política como el discernimiento (κρίσις) de lo justo. Tiene también un sentido médico vinculado al proceso en el cual una patología irrumpe a través de síntomas perceptibles (hace crisis) gracias a los cuales puede ser estudiada y, si cabe, curada. Por tanto, en general, sólo hay crítica cuando se es capaz de delimitar los distintos planos que se cruzan en un fenómeno, filtrar los elementos fundidos y confundidos, pasar una realidad nebulosa por el tamiz clarificador de los conceptos. Por eso, para alimentar el pensamiento crítico es imprescindible, primero, la modestia socrática según la cual el que cree saber algo está preso de la peor de las ignorancias. En su caso, la labor esencial del profesor es destruir (criticar, desmontar, demoler, desmenuzar) los prejuicios, ideas preconcebidas o sesgos cognitivos de los alumnos por medio de la argumentación lógica y la interrogación. En segundo lugar, cuanto más desprejuiciado se esté con más garantías y de forma más sólida se puede desarrollar el conocimiento, la investigación y el estudio. Si falta la labor de descomposición corrosiva de los prejuicios y si falta la labor de dar referencias y contenidos académicos y conceptuales al alumno, es imposible ser verdaderamente crítico. Lo esencial, y lo más difícil, para desarrollar un pensamiento crítico es serlo con uno mismo, con las propias convicciones, ser implacable y extremar el rigor a la hora de definir los conceptos a los que uno se enfrenta, precisar el significado de los términos y evitar un uso sentimental, propagandístico, ideológico, valorativo… Los enemigos del pensamiento crítico, que necesita la paciencia del estudio, solitaria, modesta, tenaz y refractaria a espectáculos y luces de neón, son el dogmatismo y el relativismo, tentaciones casi invencibles en las que se refugia la ignorancia y la pereza mental, siempre con la urgencia de resolver los problemas por la vía dogmática (“ésta es la verdad sin discusión”) o por la vía relativista (“ésta es mi opinión y hay que respetarla sin discusión”).

Alentar el pensamiento crítico es tarea que requiere rigor, tiempo y disciplina escolar. El modo más honesto y eficaz, y también el más valiente, de hacerlo es ofrecer a los alumnos el abanico más amplio posible de referencias de calidad sobre el tema tratado, especialmente aquellas que aporten información objetiva y, por tanto, herramientas fiables para su análisis y aquellas que menos accesibles les resulten. Cuanto más posibilidades de tener un conocimiento riguroso del tema menos miedo hay que tener a enfrentarse a él en el aula. Además, es imprescindible fomentar en el alumno la prudencia de no emitir opiniones o juicios de valor por respeto a la verdad, a sí mismos y a los demás, al menos hasta haber realizado un estudio lo más profundo posible del problema. Y otro medio provechoso es animar a los alumnos a intentar situarse en la posición contraria a la propia. Por ejemplo, que tengan que argumentar a favor de la cuestión los que están en contra y al revés. Resulta de enorme interés pedirles que contrasten lo que opinaban y sabían del tema antes de investigar sobre él y lo que opinan y saben después.

Aquí el método socrático se muestra cimiento irrebasable: la interrogación que somete al interrogado a la necesidad de estudiar, investigar, argumentar y justificar lógicamente sus posiciones sin que el profesor pretenda influir con sus sesgos en lo que el alumno piense es la vía abierta para avivar el pensamiento crítico en los estudiantes. En buena medida, la plataforma Proyecto Telémaco (proyectotelemaco.com) responde a este aliento filosófico, socrático, de toda enseñanza, cuya fundamentación teórica se desarrolla en El culto pedagógico (Akal, 2018).

Pero no es prudente hacerse ilusiones. Incentivarlo en los jóvenes con el entrenamiento continuado en los rudimentos de la lógica y el estudio es sólo el caldo de cultivo. No garantiza la generación de ciudadanos ejemplares, desprejuiciados y comprometidos con la verdad. Sin embargo, no hacerlo asegura la producción de fanatismos y de nihilismos, que germinan en el seno del pensamiento débil, relativista, aquejado del narcisismo postmoderno en el que todo individuo se siente investido del derecho a elevar a categoría de sagrada verdad el más pueril de los caprichos, la más arbitraria de las opiniones, el más simple de los estereotipos. En un mundo enredado virtualmente en el cual la saturación de estímulos es compulsiva y asfixiante, los prejuicios se refuerzan en marcos más sofisticados y tanto más perniciosos cuanto más dotados tecnológicamente. A más tecnología, de mayor complejidad, más extendida y de más fácil acceso, más necesidad de pensamiento crítico y de filosofía, que lejos de agotar su ciclo con el desarrollo de las ciencias y las tecnologías, se hace más imprescindible para acotar los distintos campos envueltos en ese desarrollo multidisciplinar que ya no está reservado a una reducida elite, sino que está a un botón de la mayoría de ciudadanos. Al fin y al cabo, la Filosofía es un lujo aristocrático al alcance de cualquiera, de cualquiera que se atreva al riesgo de pensar críticamente contra los demás y contra sí mismo.


Conoce las opiniones de los/as filósofos/as en este vídeo.

José Sánchez Tortosa

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